martes, 26 de febrero de 2019

Cómo crear una contraseña fuerte

En esta entrada pretendo compartir unas sencillas nociones sobre cómo crear contraseñas fuertes o de alta seguridad. ¿Qué quiere decir esto? Las contraseñas que utilizamos a través de nuestro ordenador, ya sean para un sitio en internet o para acceder a máquinas (servidores, routers o nuestro propio PC) son suceptibles de ser 'hackeadas'.

Hay varios sistemas para reventar una contraseña. No vamos a abordar aquí los sistemas de 'hackeo' de contraseñas, pero sí que vamos a dar unos tips para fortalecerlas.

¿Qué NO debemos hacer al generar nuestra contraseña?
  • No deberemos incluir nuestro nombre ni apellidos. Ni tampoco el nombre y apellidos de ningún familiar y, mucho menos, el de nuestra pareja o hijos.
  • No deberemos incluir ningún dato de nacimiento ni ninguna otra fecha relevante en nuestras vidas, como aniversarios de boda, etc.
  • En general, no debemos incluir ningún dato que pueda ser deducido por la persona que esté intentando reventar nuestra contraseña.
Contraseñas pésimas:
  • Alberto, que nació en 1982, tiene como contraseña alberto82
  • Luis tiene 2 hijos (Lorenzo y Marta) y tiene como contraseña lorenmar
  • Juan y María se casaron el 23 de julio de 2008 y María tiene como contraseña juan237
Cualquier persona que tenga acceso a los datos personales sobre las anteriores personas, podrá, tras varios intentos, 'deducir' la contraseña de estos usuarios. Pero hay que tener en cuenta que, hoy día, no solo conocen nuestros datos nuestros allegados, sino que, en muchas ocasiones, compartimos esta información en internet, ya sea en redes sociales o al rellenar perfiles en las diferentes páginas web y aplicaciones que usamos en nuestro ordenador, table o smartphone.

¿Cómo crear una contraseña mínimamente segura?

 Para crear una contraseña segura deberemos crear una contraseña diferente para cada lugar en donde nos vayamos a conectar. Esto, en principio, puede parecer una locura, pero pueden crearse pautas para poder recordarlas facilmente.
  1. La contraseña deberá tener una parte fija, que será igual para todos los sitios a los que nos conectemos.
  2. Por otro lado deberá tener una parte que cambiará de un sitio a otro.
A todo esto deberemos tener en cuenta los consejos clásicos de creación de contraseñas:
  1. La contraseña deberá tener, al menos, una letra mayúscula.
  2. También deberá tener, al menos, una letra minúscula.
  3. Deberá contener uno o varios números.
  4. Deberá contener uno o varios símbolos especiales, como puntos, comas, símbolo del dólar, interrogantes, admiraciones, etc. En este caso no es recomendable utilizar los símbolos de las barras inclinadas / ó \, ya que pueden causar conflicto en algunos sistemas operativos.
Para la parte fija podemos utilizar alguna palabra con la que estemos muy relacionados, pero que no sea un dato personal. Esto nos ayudará a memorizar la contraseña. Por ejemplo, si me gustan las croquetas, puedo usar croqueta como parte fija de mi contraseña.

Pero, aún mejor, podemos usar un pasaje de nuestro libro favorito. Supongamos que el libro que más nos gusta es Don Quijote de La Mancha. Como nos gusta mucho, sabemos que comienza "En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme". Pues bien, tomando la primera letra de esta frase conseguiremos la siguiente palabra (por llamarla de alguna manera): euldlmdcnnqa que podremos usar como parte fija de la contraseña. Esta 'palabra' será mucho más fuerte que la del ejemplo anterior, ya que, en sí misma, no tiene ningún significado. Podemos usar, igualmente, refranes, letras de canciones, etc.

Ahora debemos añadir un número. Cuanto menos relacionado esté ese número con nuestra vida personal, mucho mejor. Sin embargo, tiene que tener un sentido para nosotros para que no se nos olvide. Por ejemplo, el número de autobús que tomo para ir a visitar a mi abuela. Efectivamente es un dato que se puede relacionar con nosotros, pero no es un dato personal que pueda conocer cualquier perona. Vamos a suponer que el autobús que pasa por casa de mi abuela es el 27.

Una costumbre muy utilizada es cambiar algunas letras por números que se le parezcan. Por ejemplo: el número 1 (uno) se parece a la letra l (ele), el 3 (tres) se parece a la letra E (e mayúscula), el número 0 (cero) se parece a la letra O (o mayúscula). Por ejemplo, la palabra generada a partir de el refrán "El perro de San Roque no tiene rabo" que quedaría con el siguiente aspecto epdsrntr, puede transformarse en 3pd5rntr.

Nos queda idear la parte variable de la contraseña, lo que aportará que cada contraseña sea diferente y, de esa manera, si nos descubren una contraseña en un sitio web, no puedan conocer el resto de contraseñas. La parte variable puede estar asociada de alguna manera al lugar al que accedemos. Puede ser simplemente la primera letra del sitio web en el que estamos registrados. O la primera consonante o las dos primeras vocales o las tres últimas letras. Así, si vamos a acceder nuestra cuenta de Google, podríamos usar goo (las tres primeras letras), si vamos a acceder a Facebook, podemos usar fcb (las tres primeras consonantes) y si vamos a acceder a Twiter podemos usar ter (las tres últimas letras). Para que sea fácil de recordar, deberemos usar el mismo criterio en todos los sitios.

De manera que, si me gusta "20 poemas de amor y una canción desesperada" de Pablo Neruda, el bus que tomo para ir al centro de la ciudad es el 42 y voy a acceder a Google, mi contraseña bien podría ser: 20Pday1cd*42*Glg (ya os adelanto que esta no es mi contraseña de acceso a Google).

En ella hemos incluido números, letras minúsculas, letras mayúsculas (la primera de la parte fija y la primera de la palabra variable) y dos asteriscos como caracter especial separando los distintos bloques de la contraseña.

Siguiendo el mismo criterio, si voy a acceder a Facebook, la contraseña sería: 20Pday1cd*42*Fcb
Y para acceder a Twiter: 20Pday1cd*42*Twt

Podemos observar que hay una parte fija y una parte variable en todas ellas, lo que hace que en sí mismas todas las contraseñas sean diferentes. Estas contraseñas no tendrán ningún sentido para quien pueda verlas sin conocer los criterios con los que las hemos generado y eso precisamente es lo que las convierte en seguras.

Por último, los criterios debemos tenerlos claros para que no se nos olviden nunca y, así poder memorizar decenas de contraseñas que, en principio, no son más que un galimatías.

sábado, 19 de enero de 2019

Aprendiendo a leer poesía

En los últimos meses he comenzado a incursionar en un terreno desconocido para mí hasta el momento: la lectura de la poesía.

La poesía requiere una sensibilidad y una atención especial. Quien está acostumbrado, como yo, a leer prosa sabe que la lectura de la mayoría de las novelas, cuentos o ensayos solo requiere la atención suficiente para introducirse en la historia y dejarse llevar por el ambiente, los personajes y el argumento.

Sin embargo la poesía es diferente. En los tiempos que corren, en los que se publica de todo, tanto en papel como en internet y, desde el punto de vista de un profano ¿cómo podemos diferenciar a un buen poeta de otro mediocre?

La respuesta, salvo que tengas cerca a un buen consejero docto en la materia, es recurrir a las antologías. Sé que hay mucha gente reticente a recomendar antologías, pero en ellas podemos encontrar a los poetas ya consagrados y reconocidos. Bueno, esto también dependerá del gusto del antologador, por lo que deberíamos conocer también el prestigio del mismo.



 También debemos tener en cuenta que en las antologías no aparecen todos los grandes, pero sí que son grandes todos los que aparecen. Es inevitable que el límite que impone un soporte físico, como es el libro, obligue al antologador a prescindir de algunos grandes poetas y, de entre los poemas, dejar en el tintero algunas de las más bellas líneas. Siempre encontraremos pegas a las antologías. Siempre faltará algún poeta o algún poema que alguien pueda echar de menos.

Sin embargo, salvando estas pequeñas fallas, creo que las antologías pueden ser un buen punto de partida. He aquí cuatro propuestas, de entre la vasta bibliografía disponible en las librerías.
  • Antología de la poesía española (1890-1939) por Arturo Ramoneda. Alianza Editorial, 2018.
  • El oro de los siglos por José María Micó. Austral, 2017.
  • Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea (1914-1987) por José Olivio Jiménez. Alianza Editorial, 2015.
  • Poesía para los que leen prosa por Miguel Munárriz. Visor Libros, 2004.
 Por supuesto que habrá muchas otras opciones y propuestas, según quien las recomiende. Ahí están las mías. Sigamos leyendo.

Cómo crear una contraseña fuerte

En esta entrada pretendo compartir unas sencillas nociones sobre cómo crear contraseñas fuertes o de alta seguridad. ¿Qué quiere decir esto?...